Mi familia se empeñó en que fuese médico. Mi especialidad era empeñarme en llevarles la contraria. ¿Qué hago? Siempre fui más de mesa… que de camilla.
El porqué de su apodo, “Cangrejo”, es su segundo secreto mejor guardado. El primero, sólo lo comparte con la parrilla, el carbón y la sal, los pinches con los que transforma la carne en arte.
Se conocen bien, treinta años dan para mucho. Para (casi) todo.
Hijo predilecto de la Escuela de Hostelería de Granada, amante bandido de lechazos y lomos altos y habitante por derecho de ese Olimpo proteico al que sólo acceden los finalistas del Concurso Nacional de Parrilla de San Sebastián Gastronómika, el “Óscar” de los que saben de carne.
Ahí vive Sergio. Entre carnes con historia. Entre brasas sin prisa.
Al punto, siempre al punto.
Carnes llegadas desde los valles más recónditos del norte, las cumbres suizas más improbables o aterrizadas desde el Japón más tradicional, se encuentran con una parrilla que no sabe de errores y una cocina experta en emocionar.
Cuando a ello le sumas una carta de vinos apoteósica, con más de 550 referencias, el resultado es una fiesta.
Son fuegos artificiales.
Es, El Asador de la Reina.
Único restaurante en Granada certificado con el sello IGP lechazo de Castilla y León.
Carnes trabajadas con parrilla abierta y cerrada JOSPER, Horno castellano y neveras de maduración de alta gama DRY AGER.
Quienes pasan por aquí siempre coinciden en que comieron “como reyes”. Pocos saben hasta qué punto.
El lugar donde se ubica la antigua casona que acoge el Asador de la Reina, fue testigo de un momento histórico que a punto estuvo de costarles la vida a los Reyes Católicos.
El 18 de junio de 1491, Isabel y Fernando se encontraron aquí protegidos por su guardia personal: querían ver de cerca la bella Granada, aún en manos nazaríes, antes de hacerse con ella.
Hoy, más de cinco siglos después, “los reyes” se sientan a la mesa.
La única batalla se libra ahora en el plato.
Y siempre, siempre, aseguramos la victoria por K.O. de sus cinco sentidos.